Cerdos o gallinas, ¿qué tipo de socios prefieres para tu negocio?

Huevo y baconEn estos días en los que el mercado laboral tiene acorralados a unos, que han perdido su empleo y no encuentran recursos para revertir la situación por la ausencia de oferta… y acongojados a otros, que mantienen su empleo, bajo la continua amenaza de la espada de Damocles, deseando que las cosas mejoren, pero sin expectativas de que eso se produzca (“virgencita, que me quede como estoy”), se ha añadido a las conversaciones mundanas de café entre conocidos y amigos el tema de la posibilidad de montar un negocio por parte de gente que hasta el momento ni se lo había planteado.

Ese “oye, tenemos que montar algo juntos” se ha convertido en una frívola y peligrosa propuesta que se lanza a diestro y siniestro, muchas veces sin detenerse a pensar en lo complejo y arriesgado que puede suponer llevar a cabo dicha empresa, y mucho menos en la necesidad de compromiso que requiere.

Esta reflexión (“Tenemos que montar un negocio juntos“), que leí en un artículo del Blog de Pymes y Autónomos me hizo recordar una historia que me contó mi padre sobre una conversación entre una gallina y un cerdo, que estaban hablando de la posibilidad de asociarse. En plena tormenta de ideas, la gallina le propuso al cerdo llamar a la futura empresa “Bacon & huevos“, para que estuviesen representados ambos socios. El cerdo, después de pensar en ello unos segundos le contestó a la gallina que no estaba de acuerdo con ese planteamiento de negocio, ya que en ese “negocio” la gallina sólo estaría “implicada” (ponía los huevos), pero él estaría realmente “comprometido” (ponía el bacon) y eso era un planteamiento totalmente descompensado. En ese negocio estaba claro quien “ponía toda la carne en el asador” (nunca mejor dicho).

Esa diferencia entre implicarse y comprometerse con un proyecto empresarial es básica, y es una de las claves a tener en cuenta a la hora de elegir socios para emprender un negocio común. Es cuestión de graduar la predisposición a arriesgar en el proyecto.

Otra historia que me recuerda siempre esta diferencia: Un noble señor, que contaba con un pianista contratado en su casa para amenizar las veladas de la familia, tras oír una de las piezas que acababa de ejecutar le dijo: “Haría lo que fuera por tocar como usted“. A lo que el pianista contestó: “No lo creo“. Sorprendido por la réplica, el noble señor le preguntó: “¿Por qué dice que no lo cree?“. A lo que contestó: “Pasaría usted 20 años ensayando entre 5 y 7 horas al día?“. “Hombre, eso no“. “Pues a eso me refería“.

En los momentos clave esa diferencia cobrará una vital relevancia. Ahí será donde el compromiso de tus socios jugará un papel decisivo, entre otros factores.

Por todo ello, proponemos algunas claves a tener en cuenta a la hora de elegir compañeros de viaje:

1- Delimitar qué aporta y qué arriesga cada socio/a.

Determinar el tipo y cuantía de las aportaciones y riesgos de cada socio/a del proyecto es altamente recomendable: capital para la inversión inicial, conocimientos técnicos y/o de gestión (Know how), dedicación al proyecto, cartera de contactos…

Este análisis nos debe llevar a responder a la pregunta ¿qué valor aporta cada socio/a al proyecto? ofreciéndonos un diagnóstico de complementariedad entre los miembros del proyecto, permitiendo detectar posibles carencias y puntos fuertes en el equipo.

2- Definir valores y objetivos del proyecto.

Aunque parezca una obviedad, la aparente afinidad natural entre personas, puede no corresponderse con la coincidencia en relación con los valores del proyecto a desarrollar. Asimismo es clave definir los objetivos a conseguir con el proyecto a corto, medio y largo plazo, para evitar desajustes en relación a las expectativas de cada miembro y sorpresas en el futuro (vaya a pasar que luego resulte que un socio pretendía que el negocio creciese y se expandiese, mientras que el otro siempre había querido mantenerlo en un ámbito local, por ejemplo).

Por tanto, alinear valores y objetivos al inicio, no asegura el éxito del proyecto, pero suele reducir enormemente los riesgos de fracaso futuro.

3- Establecer por escrito las condiciones de la “sociedad”.

Este sencillo gesto nos ahorrará malos entendidos en el futuro: “Vamos a definir las reglas ahora que nos llevamos bien, por si luego no nos llevamos tan bien”

– Definir el reparto de funciones y tareas dentro de la actividad del negocio: Quién hace qué y con cuánta dedicación.

– Definir el reparto de beneficios desde el inicio, ponderado a la valoración que cada parte aporta al proyecto.

4- Consensuar desde el inicio el “plan de salida”.

Conviene acordar desde el principio la posibilidad de disolución de la “sociedad”, teniendo previsto el plan de disolución de la colaboración, simplificando los trámites y anticipando posibles conflictos con el objeto de evitarlos si se da el caso.

Algunas de estas claves nos darán pistas de si nuestros/as compañeros/as de viaje proponen implicarse o comprometerse con tu proyecto. ¿Qué tipos de socios prefieres para iniciar tu proyecto?

 

“La forma más rápida de mejorar nosotros mismos es estar con personas que ya son de la forma que nosotros queremos ser”

Reid Hoffman (cofundador de LinkedIn)

Acerca de pcastellary

Nací a una edad muy temprana. Estudié Psicología y me orienté hacia las personas y su desarrollo sociolaboral. Sigo lo ordinario y extraordinario del día a día.

Publicado el 10/12/2013 en Emprendedores/Empresa y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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